Héctor Juan Pérez, mejor conocido por su nombre artístico como Héctor Lavoe, «El Cantante de los Cantantes»,  nació en Ponce, Puerto Rico, el 22 de septiembre de 1946. Huérfano de madre desde los 3 años, su padre le inculcó la música desde pequeño, y le llevó a aprender a tocar el saxofón.

 

Con tan sólo 16 años se trasladó a Nueva York en busca de fama y fortuna como cantante. Trabajó por algunos meses con la orquesta del percusionista Francisco «Kako» Bastar, logrando grabar como primera voz del coro en el año 1967.

 

Pero durante el mismo 67, conoció al trombonista y arreglista Willie Colón, y pasó a formar parte de su orquesta como cantante principal. Héctor, con su estilo callejero y desafiante, resultaría el complemento perfecto para la música de Colón, estridente y atrevida para los puristas, pero con una gran capacidad interpretativa, por lo que recopiló grandes éxitos. En el circuito salsero de Nueva York esta banda fue conocida como «The Bad Boys», puesto que el enfoque que le daban a la música afro-latina era sobre asuntos comunes de la vida diaria de la comunidad latina que vivía en los Estados Unidos, en una sociedad en la cual permanecían marginados. Lavoe, también tenía una gran habilidad para improvisar, crear historias y «soneos», y una asombrosa habilidad de imitador: podía imitar a muchos de los grandes cantantes de aquella época como Daniel Santos, Chuíto el de Bayamón, Carlos Gardel, etc. Esto le facilitó a Colón la tarea de componer las letras y las melodías de las canciones.

 

Desde 1967 a 1974 produjeron varios discos de gran éxito, sin embargo, Lavoe comenzó a consumir drogas, a llegar tarde a los conciertos y a tomar una actitud muy relajada. Es así como Colón toma la decisión de separarse de Lavoe y se empieza a dedicar a la producción y a su familia. Esto coincide con la estrategia a seguir por el sello Fania, de lanzar a los cantantes de más éxito como solistas, apartados de las orquestas que le dieran fama. A pesar de esta separación, Colón siguió colaborando con Lavoe en la producción de varios de sus álbumes más exitosos.  En el 1975 comienza con el disco «La Voz» y le siguen los elepés «De ti depende» y «Comedia», que producen éxitos como «Periódico de ayer», y la canción que por siempre le definiría: «El cantante», escrita por Rubén Blades y que le hizo merecedor del apodo que lo haría más reconocido de «El Cantante de los Cantantes». Durante esta época, Lavoe combinó su carrera en solitario con las giras que realizaba la Fania All Stars junto con las demás estrellas salseras de esa época.

 

Durante los primeros años de la década del 80 el género sufrió la pérdida de popularidad. Lavoe continuó grabando, pero su adicción a las drogas y las tragedias personales, minaron su estado de ánimo y su claridad mental. Lavoe comenzó un proceso de rehabilitación de las drogas, pero a comienzos del año 1987 su apartamento en Queens se incendió, obligando a Lavoe a saltar por la ventana de un tercer piso fracturándose el talón derecho. Después le llegó la terrible noticia de la muerte de su suegra, quien fue asesinada apuñalada más de veinte veces. Meses después, aún estando enyesado, se presentó en Bayamón en Puerto Rico, para el «Día Nacional de la Salsa», donde gestionaron para que su padre lo viera, ya que nunca había tenido la oportunidad de ver a su hijo en un concierto. Fue una presentación muy emotiva por dicho aspecto, pero lamentablemente el padre de Héctor murió una semana después del concierto. Todos estos sucesos estaban generando un estado depresivo en el diario vivir de Lavoe, pero la tragedia que le terminaría de arruinar la existencia sería para el día 7 de mayo de 1987 al enterarse que su hijo menor, Tito había muerto a causa de un disparo que le dio un amigo accidentalmente mientras limpiaba su revólver. Esto lo hundió en una depresión severa que hizo que volviera a recaer fuertemente en el uso excesivo de las drogas, y aquel intento de dejarlas se frustraría para siempre. Pero aún le faltaba por experimentar una tragedia más en su vida al enterarse a comienzos del año de 1988 que padecía de sida. Finalmente en junio de este mismo año, tras la suspensión por falta de público de un concierto en Bayamón que marcaría el reinicio de su carrera en la Isla, Héctor se lanza del décimo piso del hotel. Milagrosamente se salva, pero queda malherido y con fracturas múltiples.

 

Aunque necesitaba un periodo de tiempo para recuperarse de todos estos daños, volvió a los escenarios para el verano de 1989 en múltiples presentaciones. A pesar de los intentos de su familia de apartarlo de las drogas, llevándolo a recuperarse primero a Miami y luego a Puerto Rico, vuelve de nuevo a Nueva York, bajo la falsa promesa de la existencia de un sanatorio para enfermos de sida. Allí, varios promotores se lucran presentándolo en conciertos cuando apenas podía hablar, obligándolo a trabajar por poco dinero y bajo efectos de las drogas. Lo abandonan en su apartamento, tras sufrir un derrame cerebral, que le afectó la movilidad de medio rostro, haciéndole imposible cantar o incluso hablar bien.

 

A pesar de las ventas generadas por sus discos, Hector Lavoe se vio en condición económica bastante precaria. Murió el 29 de junio de 1993 en el Memorial Hospital de Queens, debido al sida. Fue enterrado en el cementerio «Saint Raymond» de Queens, Nueva York; y nueve años después, tal como él mismo pidió, sus restos fueron llevados a su ciudad natal, Ponce en Puerto Rico.