Lupe Victoria Yolí Raymond, conocida como La Lupe o la Yiyiyi, fue una cantante cubana nacida el 23 de diciembre de 1939 en Santiago de Cuba. Era santera.

Se introdujo en el mundo de la música cantando en distintos locales de la Habana, una vez terminada, por exigencia paterna, su carrera de magisterio. De niña gran admiradora de la cantante española Lola Flores y su compatriota Celia Cruz. En 1959 formó, junto a su primer esposo, Eulogio «Yoyo» Reyes, el Trío Tropicuba, que comenzó a presentarse de forma permanente en un legendario bar de La Habana, llamado La Red. Su forma de cantar, llena de energía y con un cierto toque estrafalario, la hizo famosa casi inmediatamente en la ciudad y al tiempo hizo que la expulsaran del grupo por salirse de la disciplina y cantar a su manera.

Esta misma forma de cantar fue la que la hizo exiliarse de Cuba, pues no era bien vista por el nuevo régimen fidelista que se había implantado en el país. Viajó a México y, a los pocos meses, a Nueva York, donde empezó a cantar en un bar de Midtown: La Barraca. Allí fue «descubierta» por el percusionista Mongo Santamaría, con el que grabó el disco Mongo Introduces La Lupe (1963). Después grabó cuatro discos con Tito Puente, de la mano de Tico Records, con el que consiguió su máximo esplendor artístico, y permitió al mismo tiempo que “El Rey del Timbal” superara la crisis económica por la que pasaron las orquestas latinas de los años 60, después del cierre de “Palladium”.

Coronada a finales de los 60 como la “Reina del Latin Soul”, se considera una de las artistas más destacada de esa década, por delante de Celia Cruz. El éxito de La Lupe se debió en parte a su canto aguerrido, su peculiar y única manera de afrontar el bolero y la cada vez mayor influencia de una música latina alejada de los formalismos de salón que imperaron, en los años 50, en la ciudad de los rascacielos. Ese canto arrabalero, más propio del barrio que de un salón de baile, halló en La Lupe su mejor exponente femenino. Su voz paseó por los mejores escenarios de Nueva York, siendo la primera cantante latina que actuó en el Carnegie Hall y el Madison Square Garden. Considerada “la reina del desamor”, sus canciones se venden como antídotos para sanar heridas en corazones despechados. Poseía una magia particular que hacía cambiar las penas por celebraciones de desamor, utilizando la herramienta de sus gritos y gemidos, que hacían una particular interpretación dramática, incluso con acciones violentas en las que se desgarraba los vestuarios y lanzaba sus zapatos al aire. Ella misma afirmaba: “le gusto a la gente porque hago lo que ellos quisieran hacer y no se atreven”

Sin embargo, su declive comenzó cuando en 1968 la despide Tito Puente. Era la época de “las estrellas de La Fania” y la Lupe, debido a su mala fama por sus excentricidades y su individualismo, no formó parte del nuevo panorama salsero. En 1974 Tico Records fue adquirido por Fania Records y sus directivos le impusieron un veto musical para impulsar la carrera artística de Celia Cruz, que si pertenecía a La Fania All Stars. En 1978 la Yiyiyi intentó sin éxito finalizar su contrato con Fania, para poder así buscar acomodo en otra casa discográfica. Sólo consiguó grabar un disco, La Pareja, en un intento de reencuentro con Tito puente, que pretendía ayudarla, pero debido a la nula publicidad que recibió, el esperado retorno de la cantante fue sólo una ilusión.

Su vida personal y sentimental también influyó en su declive económico. La estrella que acumuló lujos y fortuna en los años 60, terminó hundida en la pobreza y la miseria. Su vida desordenada y revuelta no le llevó a aprovechar su fama y fortuna, su segundo esposo, Willie García, empezó a desarrollar un cuadro esquizofrénico que la obligó a gastar ingentes sumas de dinero en tratamientos médicos. Pobre, con su mansión hipotecada, se mudó a Puerto Rico durante unos meses mientras esperaba recibir algún contrato para cantar en los escenarios. El viaje a Puerto Rico le trajo problemas con varias cadenas televisivas, su desinhibido estilo de bailar e interpretar algunas canciones fueron más allá de lo permitido así que optó por regresar a Nueva York.

A finales de los 80 se convirtió a la religión evangelista y compuso e interpretó canciones que fueron recopiladas en unos cassettes que es probable que sean editados algún día bajo el título de La Samaritana. No obstante, su salero y particular forma interpretativa siempre tuvieron la facultad de imprimirle su impronta popular y cabaretera. Fue capaz de emparejar a un aleluya, gloria a Dios el gemido más sensual posible en la noche tropical.

Con su casa quemada, al término de sus días mendigó por las calles y murió pobre y olvidada el 29 de febrero de 1992, tras sufrír un paro cardiaco fulminante. Su trayectoria, prácticamente olvidada por una generación adormecida por la mal llamada «salsa romántica», fue rescatada por la comunidad homosexual hispana y la inclusión de varios temas suyos en películas de renombre.